Green Book (crítica sin spoilers)

«Green Book» (dir. Peter Farrelly, 2018) no se presenta como la gran revolución que va a cambiar los problemas de racismo que se vive hoy en día.

La película trata de contar una historia sencilla (a primera vista) que poco a poco va haciendo notar el mensaje que quiere mandar. No expone una gran situación violenta o dramática del reflejo de la época, no, simplemente refleja tal y como era vivir a mediados del siglo pasado desde dos puntos de vista: un italoamericano y un afroestadounidense.

Viggo Mortensen y Mahershala Ali en «Green Book.»

Los personajes de Tony Lip (Viggo Mortensen) y Dr. Shirley (Mahershala Ali) funcionan muy bien por el contraste que crean sus personalidad opuestas. Un matón extrovertido de barrio y un doctor meticuloso encerrado en un coche dirección EE.UU sur. Muchos daríamos lo que fuera por haber visto a ese dúo real en el que se inspiró la historia. Más allá de la comedia, lo que les hace aún más interesantes es que ambos aprenden del otro conforme se van conociendo. Cómo llegan a tal límite de empatía y se dan cuenta de que sus mundos pueden llegar a haber sido muy crueles con ambos a pesar de pertenecer a sociedades totalmente diferentes.

Indagando en la trama, tiene una construcción que personalmente me encanta. Una premisa sencilla con tantos matices que la hace muy sabrosa. «Ir del punto A al punto B» (como dice Tony), ese es el objetivo. Nada más lejos de la realidad. Un viaje en carretera de un punto a otro del país supondrá el verdadero viaje de auto-descubrimiento de ellos mismos mientras conocen a su compañero de asiento conforme avanzan los kilómetros.

A esto se le suma el racismo. Un tema presente durante todo el film que refleja la amarga situación, no solo de violencia, sino de humillación y denigración que tenían que vivir las personas de color a mediados del s.XX. Simplemente por tener otro color de piel. Shirley refleja una persona con todo tipo de aptitudes para ser un triunfador, sin embargo, también tiene que luchar contra la marea social que le entorpece su vida simplemente por ser negro.

Peter Farrelly (Director) en el set de «Green Book»

Entrando en el apartado técnico. Sopresón al ver semejante dirección de P.Farrelly, mis aplausos a un director que se ha reivindicado con una creación tan fresca como «Green Book». Y digo sorpresón porque es reconfortante ver cómo un director (al que le tenía perdida la pista tras «Dos tontos muy tontos: Todavía más tontos») resurge con esta historia.

Por otro lado, el guión co-escrito por Nick Vallelonga (hijo del protagonista Tony «Lip» Vallelonga) refleja la fluidez que es difícil obtener al hacer una película de viaje por carretera sin caer en el aburrimiento.

En conclusión, «Green Book» funciona como un producto audiovisual reflexivo. Una terapia del descubrimiento de uno mismo y la apertura de mente con las personas. Además, el racismo está presente para hacer conciencia de una situación que se vivía antaño pero, cuando enciendes el televisor y ves las noticias, sientes cómo la actitud de algunos se quedó anclada al pasado.

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